Hace unos días escuché una conversación (sin querer), entre dos personas que estaban tomando un café; resulta que a una de ellas se la había muerto su perro después de haberlo tenido 15 años con ella y, a los pocos días, le robaron el coche recién estrenado,  la amiga le decía, tienes que ser positiva no te puedes derrumbar, la vida sigue, mira todo lo que te rodea.

Las palabras, pensamientos y situaciones dejan huella en nuestro cerebro, creando conexiones neuronales; cuando repetidas veces, vivimos las mismas circunstancias, estas conexiones se convertirán en surcos. Los surcos son como huellas neuronales, que hacen que siempre usemos las mismas respuestas a los problemas y situaciones de nuestra vida, es decir, son programas instalados en nuestro cerebro que se hacen parte de nuestra conducta cotidiana, los mismos, que pueden servir para potenciar o limitar nuestra vida.